Había una vez un bello pueblo en Italia en el que todo era
felicidad, un bello día de verano nació una pequeña niña, poseía cabellos tan
rubios como el oro y ojos del verde de las esmeraldas, este bello parecer
cautivaba a cualquiera haciendo que la pequeña de nombre Stella fuese un querubín
en persona. Todo el mundo la quería mucho, no había quien no quisiera estar a su
lado. La criatura y sus padres eran bastante felices, su madre recogía flores y
las ponía en un jarrón en el cuarto de la niña mientras su padre trabajaba
mucho para darle lo que necesitara.
Un día de invierno en que la niña cumplió 10 años su padre murió, Stella estaba destrozada con la muerte de su padre y su madre tuvo que comenzar a trabajar dejando a nuestro querubín completamente sola. Cuando la niña cumplió 16 años su madre quedo enferma de gravedad, asustada le busco el mejor médico del pueblo, pero desafortunadamente murió después de un largo tratamiento; la niña iba todos los días a la casa del doctor en la cual trabajaba como pago por todo aquello en que le había ayudado en los momentos de dolor, el doctor y su esposa le querían como si fuera su hija, al verle crecer sola fue que decidieron ayudarle a hacer amigos e incluso encontrarle una pareja, por lo que un día el doctor le presento a un muchacho muy apuesto ,Anthony, este chico de enormes ojos azules y melena azabache era cautivante y encantador pero para desgracia de la jovencita él poseía un corazón de hielo.
Después de un tiempo en que ambos parecían llevar el significado de desprecio a nuevos límites ambos lograron aceptarse el uno al otro, pero para entonces Anthony no sólo se sentía cómodo a su lado sino que inconscientemente ya le amaba, pero al ser testarudo y orgulloso decía apenas tomarle en cuenta, grave error, pues día a día su amor era más grande y pronto se dio cuenta decidiéndose a declarar tales sentimientos al momento de ver que su amada cumpliese la mayoría de edad.
Para tal evento, se le festejaría en grande, cientos de invitados esperaban ansiosos a la que siempre habría de ser “la pequeña estrella”, Stella hizo una aparición digna de la realeza, vestida como aquellas princesas de los cuentos de hadas, entre los invitados se elevaron murmullos y halagos, uno de los más impresionados era un nuevo admirador, un chico alto, alcanzando tal vez el metro ochenta, con deslumbrantes ojos azules enmarcados por unas pestañas tupidas y encantadoras, el cabello castaño claro le caía en desordenados rizos sobre la frente creando una imagen suave, era bastante guapo y tenía una sonrisa que podría hechizar a todos si lo deseaba.
Anthony se encontraba al fondo del salón admirándole en
total silencio mientras ella se paseaba sonriendo y saludando a todos, en el
momento en que tomó el valor para invitarle a salir aquel chico de presencia
arrasadora se adelantó por un par de pasos tomando a Stella en sus brazos. El
joven Mitchell no sólo contaba con un físico
atractivo y una actitud amigable, sino que era un gran bailarín y una compañía agradable,
completamente adverso a nuestro Anthony, el azabache quedo hecho pedazos al ver
a Stella sonriente en brazos de aquel desconocido, pero ella sonreía intentando
ocultar la profunda tristeza que sentía al no saber dónde estaba Anthony .
Finalizando la fiesta los nuevos amigos se despidieron con la promesa de volver
a verse, y así fue, a partir de aquella noche se veían dejando al pobre Anthony
apartado de su adorable niñita, este se volvía
cada vez más frio viendo como Stella caía en las redes de su nuevo enamorado, Anthony dándose por vencido visito a la joven
para decirle cuanto le quería, pero al verle con el otro su enfado se volvió mayor
causando que se adentrara en un viaje que
parecía nunca tendría final, sin despedirse de Stella se marchó sin mirar de
nuevo atrás.
Ella creyó que él no la quería y tomo como refugio el nuevo cariño dado por Mitchell, sentía que así era mejor, pues este le daba una ternura visible, le quería notoriamente y eso le agradaba. Pasaron los años y aquellos jóvenes se volvieron una pareja formal, el dolor de no tener a su anterior amigo le hacía buscar el amor llegando a comprometerse sin pensar, pero cada que se acercaba el día de la boda ella volvía a aplazarla con pretextos cada vez con menos sentido, pero Anne, conocía a su hijita adoptiva, sabía que Stella no debía ni quería casarse aún pues anhelaba estar con Anthony.
Temiendo perder a su nuevo amado, Stella fijó una fecha por fin, sin saber que ese día sería el más feliz de su vida, en el momento en que la pareja entraba en el altar, Anthony caminaba dispuesto a impedir aquello y así lo hizo proclamando frente a todo lo mucho que la amaba y que ahora que había confesado aquello podía casarse si lo deseaba, ella entre lágrimas le abrazo con fuerza diciendo que era un completo idiota por irse, pero que ella así lo amaba; Mitchell solamente se alejó de aquella escena perdiéndose entre los invitados que se acercaban a felicitar a la pareja que por fin se había decidido a ser feliz.
Ella creyó que él no la quería y tomo como refugio el nuevo cariño dado por Mitchell, sentía que así era mejor, pues este le daba una ternura visible, le quería notoriamente y eso le agradaba. Pasaron los años y aquellos jóvenes se volvieron una pareja formal, el dolor de no tener a su anterior amigo le hacía buscar el amor llegando a comprometerse sin pensar, pero cada que se acercaba el día de la boda ella volvía a aplazarla con pretextos cada vez con menos sentido, pero Anne, conocía a su hijita adoptiva, sabía que Stella no debía ni quería casarse aún pues anhelaba estar con Anthony.
Temiendo perder a su nuevo amado, Stella fijó una fecha por fin, sin saber que ese día sería el más feliz de su vida, en el momento en que la pareja entraba en el altar, Anthony caminaba dispuesto a impedir aquello y así lo hizo proclamando frente a todo lo mucho que la amaba y que ahora que había confesado aquello podía casarse si lo deseaba, ella entre lágrimas le abrazo con fuerza diciendo que era un completo idiota por irse, pero que ella así lo amaba; Mitchell solamente se alejó de aquella escena perdiéndose entre los invitados que se acercaban a felicitar a la pareja que por fin se había decidido a ser feliz.
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